En Cuba casi todo lleva el nombre de un "mártir" de la revolución: carreteras, fabricas, jornadas ideológicas, parques.
Mi escuela se llamaba Marcelo Salado y teníamos que componer dos paginas sobre ese mártir al que ya no recuerdo.
Yo tenia 9 o tal vez 10 años.
El Director de la escuela se llamaba Compañero Luciano, todos respetábamos a aquel hombre ya viejo con acento castizo que tenia una cicatriz en la frente de tanto pensar.
Me llamaron a La Oficina y aquel imponente caballero cerró la puerta y se sentó frente a mí.
Por unos instantes me miró fijamente mientras se apretaba la piel de la frente con el índice.
"Su composición, por mucho, ha sido la mejor" (movía las dos manos lentamente, recuerdo todos los gestos aunque no exactamente las palabras)
"Usted sabe que su compañero de aula E.. es sobrino del mártir cuyo nombre lleva nuestro Centro"
(recuerdo con claridad las pausas y el tratamiento de Usted)
"Quizá no lo entienda hoy pero créame, sería mucho mas efectivo si el sobrino del mártir gana el Concurso"
"Hay secretos necesarios"
"hay causas por las que valen la pena mentir"

El autor premiado leyó mi composición frente a toda la escuela en un acto solemne.
Mientras aplaudíamos busque sin éxito una mirada del Director.
Mierda, pensé entonces, aunque no recuerdo las palabras exactas.